Del conjunto al detalle: un recorrido que desciende desde el vuelo sobre la ciudad hasta la talla que solo se ve de cerca.
Ver para conocer, conocer para amar
La historia de este templo empieza con la destrucción de otro.
Al reconstruir la historia de este templo, descubrimos que un monumento no se conserva únicamente por memorizar sus datos o su estilo arquitectónico. Comenzamos a valorarlo cuando aprendemos a detenernos ante él. Siguiendo la intuición de San Ignacio, no basta el saber puramente histórico; documentar es una invitación a sentir y gustar de las cosas internamente, reconociendo en la piedra las huellas y las historias vivas que quienes nos precedieron resguardaron para nosotros.Ejercicios Espirituales, anotación 2
En 1767, por orden de Carlos III, los jesuitas fueron expulsados de su Colegio de Loreto en Chihuahua. El templo que estaban construyendo nunca se terminó y acabó desmantelado; sus esculturas de cantera y sus lienzos pasaron al Santuario de Guadalupe, donde siguen. Cuando la Compañía de Jesús volvió a la ciudad en 1900, el obispo le encomendó justamente ese santuario: el que resguardaba los restos de su templo perdido.
Desde ahí el padre Pedro Delgado extendió su labor al barrio del Pacífico, uno de los más antiguos de Chihuahua. En 1909 acondicionó una pequeña capilla dedicada al Sagrado Corazón, en un terreno donado por el gobernador Enrique C. Creel. Pronto resultó insuficiente.
En 1919 se formó una junta —encabezada por mujeres de la ciudad— para construir un templo formal. Rosa Terrazas de Muñoz donó el terreno definitivo y la primera piedra se colocó el 31 de agosto de 1921. La guerra cristera detuvo la obra cerca de diez años y el templo no se dio formalmente por concluido hasta 1963, cuarenta y dos años después de la primera piedra, cuando el ingeniero Héctor García Terrazas remató la cúpula. Ocupa 1,250 m² construidos sobre un terreno de 1,530. Hoy es también Templo Expiatorio y sigue a cargo de los jesuitas.
1767
Carlos III expulsa a los jesuitas del Colegio de Loreto. El templo que construían queda inconcluso y se desmantela.
Antes de 1886
El Santuario aún tiene una sola torre y su portada está desnuda: las esculturas de Loreto y la segunda torre llegarían después.
1900
Los jesuitas llevan medio siglo de misión en la sierra Tarahumara. De ese mismo cuerpo misionero salen los sacerdotes que poco después atenderán el barrio del Pacífico.
1904
Se les encomienda el Santuario de Guadalupe, que resguardaba las esculturas rescatadas de su colegio destruido.
1909
Se bendice la primera capilla del Sagrado Corazón, en terreno donado por el gobernador Enrique C. Creel.
1919
Se compra el primer lote, entre la calle 14 —hoy Ocampo— y la avenida Penitenciaría, por 2,344.70 pesos. Rosa Terrazas de Muñoz donará dos años después el predio contiguo que lo lleva a sus dimensiones actuales.
1921
El ingeniero José R. Argüelles firma el proyecto. El corte longitudinal muestra ya la nave, el crucero y la cúpula que tardarán cuarenta y dos años en levantarse.
1921
El 31 de agosto se coloca la primera piedra. La bendice el obispo Antonio Guízar Valencia. La piedra conserva grabada una segunda fecha, 16 de junio de 1922, de una etapa posterior de la cimentación.
1923
Vista aérea de la ciudad. Dos años después de la primera piedra, el predio sigue sin edificar.
1926
La guerra cristera detiene la obra cerca de diez años. Ésta es la altura a la que quedaron los muros cuando se suspendieron los trabajos.
1940
La obra avanza. La fachada lateral muestra el estado de la cantería cuando el interior empieza a recibir sus primeras mejoras, bajo los superiores Guillermo Terrazas y José Martínez Cabrera.
1941
9 de noviembre: se fotografía el altar del Calvario, ya instalado en el templo.
1942
Se registran los vitrales originales, salidos del taller de Víctor Francisco Marco Sucesores. Ocho de los que hoy se conservan llevan esa firma y esa fecha grabadas en el vidrio.
1943
Jueves Santo. El templo, aún sin terminar, ya está en pleno uso: se celebra con el monumento del altar mayor.
1953
El escultor Juan Fernando Olaguíbel Rosenzweig modela la imagen del Sagrado Corazón. Suyas son también la Diana Cazadora de la Ciudad de México y el monumento al Pípila en Guanajuato.
1954
La escultura de bronce —tres metros, cerca de media tonelada— se iza a la torre con garruchas de cadena. Se detiene el tráfico en Ocampo y en la 20 de Noviembre mientras sube.
1963
La obra se da formalmente por concluida, cuarenta y dos años después de la primera piedra. El ingeniero Héctor García Terrazas remata la cúpula y el altar se rediseña conforme al Concilio Vaticano II, entonces en curso.
1968
En junio se coloca el Cristo de cantera y el templo es elevado a parroquia.
2026
Digitalización integral: dron, fotogrametría y campo de gaussianas.
Las fotografías de 1910, 1923 y de los retablos provienen de la Fototeca del Centro INAH Chihuahua. La vista del Colegio de Loreto, de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Los retratos de Creel y de Rosa Terrazas, del archivo de la familia Muñoz Ruiz de la Peña.
La vista de Loreto proviene de una fotografía estereoscópica, el formato con que el siglo XIX registraba en relieve: un antecedente involuntario de este mismo proyecto. Aquí se reproduce uno de los dos cuadros del par.
Las tres tomas de los retablos fechan la conclusión del templo con precisión inusual. El negativo del monumento de Jueves Santo lleva escrito «22 de abril de 1943»: ese día fue, en efecto, Jueves Santo. Junto con el altar del Calvario de noviembre de 1941, confirman que el templo estaba en funciones a inicios de los años cuarenta, y descartan el «1924» que consignan algunas fuentes de divulgación —incompatible con la guerra cristera de 1926 a 1929— con toda probabilidad una errata por 1944. Ver fuentes.
Visto desde arriba, el templo deja de ser una fachada y se vuelve una pieza de la traza urbana: su orientación, su patio, su relación con la manzana y con la ciudad que creció a su alrededor.
Contemplar el templo desde el aire, observando su implantación en la traza urbana de Chihuahua y el ritmo de sus fachadas, dialoga con la máxima ignaciana de buscar y hallar a Dios en todas las cosas. Desde la escala del conjunto urbano hasta la proporción geométrica de su portada, la arquitectura exterior se vuelve un reflejo de esa presencia divina que lo abraza todo y que se manifiesta en cada rincón de nuestro entorno.Constituciones de la Compañía de Jesús
A la altura de la mirada, el templo se lee como arquitectura: sus proporciones, el ritmo de sus vanos, el peso de sus torres y la composición de su portada.
Imágenes fotogramétricas corregidas: sin la distorsión de la perspectiva y con proporciones fieles. Sirven para leer el edificio como lo haría un plano, y para registrar el estado de los materiales.
Generadas por fotogrametría a partir del vuelo con dron. La portada mira a la avenida 20 de Noviembre; la nave se extiende a lo largo de la avenida Ocampo, y el costado opuesto da a la calle 14½.
Veinte vitrales y cinco esculturas. Casi todos representan santos y mártires de la Compañía de Jesús: el templo cuenta, en sus muros, la historia de la orden que lo construyó.
Cada uno de los veinte vitrales y siete esculturas es una invitación a ejercitar la contemplación ignaciana. Contemplar aquí implica detener la mirada con atención, observar el detalle cromático y reconocer la historia de santidad de la Compañía de Jesús grabada en los muros. Es el itinerario espiritual hecho arte: conocer para contemplar, contemplar para apreciar, apreciar para amar, y amar para conservar.Contemplación para alcanzar amor · Ejercicios Espirituales 230
En el orden en que se recorren dentro del templo. Cada vitral lleva el nombre inscrito en el propio vidrio, y muchos además la firma del taller y el nombre de quien lo donó.
Las firmas reparten el conjunto entre dos casas catalanas y dos campañas distintas. Ocho piezas llevan la de Víctor Francisco Marco Sucesores, fechadas en 1942; Víctor Marco se formó en la Casa Pellandini de la Ciudad de México —donde los vitralistas eran catalanes— y de él arrancan tres generaciones de vitralistas mexicanos. Otras nueve llevan la de Casa Montaña, de Torreón, fundada en 1913 por el catalán Ramón Montaña Simón: al cerrar Pellandini tras la Revolución y la muerte de su fundador, Montaña contrató a varios de sus maestros vitralistas y biseladores y se los llevó a Torreón. Los dos talleres comparten, pues, el mismo tronco. Como uno de los vitrales de Montaña representa a san Alberto Hurtado, canonizado en 2005, esa segunda campaña es necesariamente muy posterior.
Reconstrucción tridimensional del exterior por campo de gaussianas (gaussian splatting). No es un video ni un modelo dibujado: es el edificio capturado desde el aire y recompuesto, navegable en cualquier dirección y a cualquier distancia.
El modelo tridimensional por campos de gaussianas ofrece una libertad única para la mirada atenta. San Ignacio nos invita a reconocer que toda obra contiene un valor profundo que merece ser examinado; navegar digitalmente este volumen en cualquier dirección nos permite descubrir los pequeños detalles y proporciones que con frecuencia pasan inadvertidos a ras de suelo, despertando un conocimiento íntimo que nos mueve a custodiar el patrimonio recibido.Principio y Fundamento · Ejercicios Espirituales 23
Reconstrucción y publicación del campo de gaussianas: Kevin Alexis Armendáriz Álvarez, en SuperSplat. El micrositio conserva además una copia autónoma de la escena en su propio servidor, para que el archivo no dependa de servicios externos a largo plazo.
Hasta aquí el templo se vio por fuera. Del portal hacia dentro cambia todo: la luz deja de venir del cielo abierto y empieza a filtrarse por los vitrales.
Cruzar el umbral del templo es una transición física que invita a la introspección y al recogimiento. Al dejar atrás el ruido exterior y permitir que la luz se filtre tamizada por los vitrales, la arquitectura interior nos envuelve en un espacio de silencio. Es una atmósfera diseñada para aquietar el espíritu y mirar hacia adentro, donde el espacio sagrado se convierte en el escenario idóneo para el examen interior y el encuentro con uno mismo.Ejercicios Espirituales, anotación 20
Siete estaciones panorámicas que descienden del aire a la avenida, de la avenida al atrio y del umbral al altar. Gira en cualquier dirección, acércate, y salta de un punto a otro desde el plano o las miniaturas.
Las siete estaciones panorámicas nos ofrecen una experiencia de omnipresencia digital que conecta directamente con la composición de lugar de los Ejercicios Espirituales. Este ejercicio ignaciano consiste en situar la mente, los sentidos y el corazón plenamente en un espacio sagrado para dejarse conmover por él. Al saltar virtualmente del atrio al altar, habitamos el templo desde sus coordenadas internas, haciendo de la tecnología una herramienta para la meditación y el arraigo.Composición de lugar · Ejercicios Espirituales 47
Lo que recibimos de quienes nos precedieron no nos pertenece únicamente a nosotros. Lo recibimos temporalmente, tenemos la responsabilidad de conocerlo, valorarlo y conservarlo para que otros puedan también contemplarlo, comprenderlo y disfrutarlo.
Conocer para contemplar. Contemplar para apreciar.
Apreciar para amar. Amar para conservar.
Conservar para transmitir.
Ejercicios Espirituales 322
Cada escala de mirada exigió una técnica distinta. Ninguna sustituye a las otras: se complementan.
Registro aéreo del conjunto en video 4K estabilizado y captura fotográfica sistemática con traslape, base para las ortofotos.
Procesamiento de las tomas aéreas para generar ortofotos de planta y alzados, corregidos geométricamente y con escala.
Dos sesiones diferenciadas: fachadas completas con control de verticales, y acercamientos de ornamentación y materiales.
Reconstrucción del exterior en gaussian splatting, publicada con visor web SuperSplat; y el recorrido en panorámicas equirectangulares de siete estaciones, dos exteriores y cinco interiores, con visor propio.